(El Confidencial , 3 de diciembre 2008)

El paro, un fenómeno estadístico

Carlos Sánchez

Da la sensación de que a la luz de lo que está sucediendo en el mercado de trabajo, la clase política en general (y no sólo el Gobierno) parece desconocer el momento histórico que vive la economía española. El paro se sigue viendo como un fenómeno estadístico, pero la clase política (estatal, autonómica y local) continúa sin movilizarse como el asunto requiere. Y eso que el paro registrado está creciendo a un increíble ritmo del 42,7% en términos anuales, una tasa verdaderamente espectacular sin parangón en la reciente historia económica de Europa. Probablemente habría que remontarse a la República de Weimar o a la descomposición del imperio soviético para encontrar una evolución tan adversa.

El Ejecutivo dirá que esto se debe al aumento de la población activa, que sigue creciendo de forma intensa por la inmigración y la incorporación de la mujer al trabajo; pero no parece muy riguroso ese análisis. Sólo hay que tener en cuenta que la afiliación a la Seguridad Social está cayendo un 3,5%, lo que significa que en los últimos doce meses el sistema público de protección social ha perdido 672.000 cotizantes. Pero es que si el análisis se realiza por grupos de edad, el resultado es demoledor.

La Seguridad Social se ha dejado en el camino en los últimos doce meses nada menos que el 13,2% de sus afiliados con edades comprendidas entre 20 y 24 años. Es decir, que la generación más y mejor formada de la historia de España no tiene trabajo, lo que significa que se están destinando ingentes recursos económicos al sistema educativo para que luego no haya empleo. Uno de cada cuatro jóvenes está en paro, el doble que el conjunto de la población.

Algo falla cuando hay tanta asimetría entre oferta educativa y demanda de puestos de trabajo. Y desde luego la solución no parece pasar por recortar gastos en educación. Todo lo contrario. A menudo se obvia que el 34,4% de la población activa analfabeta o sin estudios (o el 16,8% de los trabajadores con estudios primarios) está en paro, lo que pone de relieve la relación directa entre sistema educativo y actividad laboral.

Pero también algo falla cuando el empleo asalariado en el sector privado (datos anuales) está cayendo un 1,3%, mientras que la ocupación en las Administraciones Públicas crece todavía un 2,3%, tal y como refleja la EPA del tercer trimestre. El ajuste, por lo tanto, es cosa de las empresas.

Un último dato ilustra la naturaleza del problema. El número de parados que cobra ya una prestación asistencial por haber agotado la vía del nivel contributivo está creciendo ya a ritmos del 21%. Nada menos que 575.868 trabajadores (han leído bien) viven hoy con los 413,52 euros mensuales que les garantiza nuestro mediocre Estado de bienestar. Pues bien, pese a todos estos datos, la clase política sigue tirándose los trastos a la cabeza o aplicando aspirinas a un enfermo que todavía está en planta, pero que acabará recalando en la UCI. El vicepresidente del Gobierno, Pedro Solbes, oficialmente el coordinador de la política económica general (por eso preside el Consejo de Política Fiscal y Financiera), se queja todos los años de que su capacidad de maniobra es reducida debido a que las dos terceras partes del gasto público tiene que ver con decisiones tomadas por las regiones y los ayuntamientos. Pero a estas alturas de la crisis, cuando el mercado laboral se desangra, ni siquiera ha convocado una reunión con los entes territoriales para coordinar acciones y racionalizar el gasto público en aras de evitar duplicidades con la vista puesta en priorizar las políticas de inversión. No se trata de un problema pequeño. Cuatro regiones (Andalucía, Canarias, Extremadura y Murcia) inician el tortuoso camino de la recesión (que durará al menos hasta 2010) con un desempleo superior al 14%, y alguna de ellas (como la de Manuel Chaves) está muy cerca ya del 20%, una tasa de país subdesarrollado y desde luego incompatible con una nación que se jacta de ser la octava potencia económica mundial.

Solbes ya no sólo yerra en el diagnóstico (por cierto que sus técnicos en previsión y coyuntura deben disfrutar con sus estimaciones), sino que, por el momento, tampoco acierta con las soluciones, como ayer mismo se demostró.

 

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