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La
reducción en un 30% de la ingesta de calorías y el consumo moderado de
vino son hábitos que pueden prolongar la longevidad humana, según un estudio
elaborado por el Grupo de Bioquímica del Envejecimiento de la Universidad
de Sevilla, que está investigando nuevos mecanismos para controlar el
envejecimiento del ser humano centrándose en la reducción de las calorías
y su compensación por medio de alimentos que contengan antioxidantes,
como es el caso del vino tinto.
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REDACCIÓN
/ Agencias
Actualmente,
y según este estudio dado ahora a conocer, el límite de edad del ser humano
alcanza los 122 años, mientras que la esperanza de vida en España es de
83 años para las mujeres y de 77 para los hombres. Como consecuencia,
el primer propósito del grupo consiste
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Este
proyecto, denominado “Influencia del mantenimiento de la síntesis de proteínas
durante el envejecimiento en el aumento del plazo de vida causado por la restricción
calórica: importancia del factor de elongación 2”, está financiado por un proyecto
I+D+i del Ministerio de Educación y Ciencia |
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en
saber qué ocurre en las células, con objeto de trasladar una esperanza
de vida de 77 años a los 122 a los que teóricamente es capaz de llegar
el ser humano. En todo caso, los avances científicos actuales permiten
que la esperanza de vida aumente más de diez horas cada día.
De hecho, existen
en el mundo científico actual más de trescientas teorías sobre el control
del envejecimiento humano. Algunas, como afirma el catedrático E.U. de
la Hispalense y responsable del proyecto, Antonio Ayala, “quedan obsoletas
o son solapadas por otras más novedosas. Nuestro grupo, en particular,
parte de la teoría de los radicales libres, la cual asegura que los procesos
vitales más comunes del ser humano, como respirar, provocan daños en nuestro
cuerpo que se van acrecentando con el paso de los años”.
Efectos
secundarios. También el hígado, a través de los procesos de
desintoxicación, desprende oxidantes que nos afectan. Por lo tanto, los
investigadores pretenden conocer qué ocurre y cuáles podrían ser los mecanismos
de intervención para disminuir los efectos que nos perjudican y potenciar
las protecciones, con objeto de reducir, como asegura Antonio Ayala, que
“nuestro metabolismo tenga efectos secundarios”. Estos daños, según las
investigaciones del grupo, pueden minimizarse con una reducción del 30%
de la ingesta calórica diaria, debido a que reforzaría las síntesis de
proteínas, las cuales reducen el daño endógeno de los procesos vitales,
además de disminuir las grasas.
Asimismo, esta
restricción calórica activa la sirtuina, que es una proteína que compacta
el ADN, haciéndolo más resistente a todos los mutágenos perjudiciales
a los que estamos sometidos diariamente. En este punto también interviene
el vino tinto, ya que contiene resveratrol, un compuesto determinante
para el funcionamiento de la sirtuina. Por ello, gracias al vino la dieta
no necesitaría restringirse tanto.
En los laboratorios
el grupo de la Facultad de Farmacia simula en ratones pequeños daños in
vitro, que se producen de manera endógena. Cuando se producen estos daños,
las proteínas se unen o se comunican con la sirtuina, gracias a un lenguaje
molecular. Éste constituye otro de los objetivos de los investigadores.
A partir de la decodificación del lenguaje molecular “podríamos potenciarlo
para permitir que las células respondan con más celeridad al daño que
se produce”, apunta Ayala.
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