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ESPERANZA
DEL BLANCO
Como es sabido, el
asunto saltaba a los medios de mano de unas declaraciones del gobernador
del Banco de España, planteando la necesidad de abordar reformas estructurales.
Estas declaraciones han sido matizadas desde varias instancias del Gobierno,
pero nos ha parecido oportuno abordar algunas reflexiones sobre el asunto
con Santiago Domínguez, director comercial de Pelayo Mondiale Vida.
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¿Por qué cree que este tema se plantea ahora?
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En nuestro criterio, parte de una circunstancia nada desdeñable, y es
la importancia de la bonanza económica y el empleo, para mantener el equilibrio
de un sistema de reparto como es la Seguridad Social en materia de pensiones.
Recordemos
que en la actualidad el esquema de pensiones de la Seguridad Social se
encuentra en superávit, en buena medida por el hecho que ha habido en
el pasado reciente una situación de bonanza económica, que ha permitido
no sólo que los nacionales tuvieran más oportunidades de empleo que en
otras épocas, sino que además, hiciese falta importar mano de obra inmigrante,
especialmente en ciertos estratos del tejido productivo. Recordemos que
de 45 millones de personas que vivimos en España, más de 5 millones son
inmigrantes, con un ratio que ya supera el 11% de la población, y que
ha crecido fundamentalmente en los últimos cuatro o cinco años.
Cuando
todos los analistas económicos afirman que estamos en una crisis económica,
de calado internacional, que afecta especialmente a España en el mercado
inmobiliario, es de esperar que tarde o temprano afecte seriamente al
empleo, y muy especialmente al tejido más débil, el de los jóvenes y los
inmigrantes.
No
hay que correr mucho para sacar la conclusión de que en un sistema de
reparto, si hay menos jóvenes e inmigrantes trabajando, las cotizaciones
de la Seguridad Social decrecen o crecen menos. Las cifras que preocupan
al Banco de España afirman que actualmente los gastos del sistema de pensiones
crecen más del 14% anual, mientas los ingresos crecen a menos del 8%,
sin que aún se noten con seriedad los efectos de la posible destrucción
de empleo que hemos comentado.
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¿Qué importancia hay que darle en su opinión a estas advertencias?
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En nuestro criterio, consideramos, que el problema tiene dos vertientes,
la pública y la privada. Desde el punto de vista público, estamos con
el Banco de España, que es un tema al que hay que prestar una atención
mayor, especialmente por las consecuencias que sobre él tendrá un entorno
menos favorable que aquél del que hemos disfrutado en un pasado reciente.
Pero lo cierto es que desde nuestra posición, poco o nada podemos influir
en estas instancias.
Desde
el punto de vista privado, como profesionales del sector financiero, creo
que sí que tenemos que hacer algunas reflexiones, y eventualmente emprender
algunas acciones. En concreto, creo que deberíamos revisar el concepto
de asesoramiento financiero en previsión social.
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¿A qué se refiere al revisar el concepto de asesoramiento financiero en
previsión social?
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Realmente me refiero a qué papel tenemos que adoptar ante nuestros clientes,
como asesores o directores de redes de asesores, en materia de previsión
social.
Con
demasiada frecuencia pensamos erróneamente que nuestra misión es el asesoramiento
de inversiones, basado en óptimos financiero fiscales y de encajes perfilados
de rentabilidad / riesgo, olvidándonos de los matices que requiere el
asesoramiento en previsión social, que algunos tienden a llamar también
planificación patrimonial.
Por
este error, podemos estar usando los productos finalistas de ahorro como
los planes de pensiones, los PPA, los PIAS y otras modalidades de seguro
de vida para la jubilación, tan sólo como “comodines fiscales”, olvidándonos
que su papel fundamental es ser verdaderos soportes de una decisión fundada,
de lo que siempre se ha entendido por “ahorrar para la vejez”.
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¿En qué cree que se diferencia lo que platea de lo que actualmente se
hace?
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Pues, por decirlo claro, en el miedo que nos da decirle a nuestros clientes
que gasten menos, y que ahorren más de una forma organizada y realista.
Es evidente que nos resulta más fácil trabajar con el excedente natural
del consumo, o con patrimonios que proceden de herencias, ventas de empresas,
inmuebles... etcétera, pero lo cierto es que tenemos que reflexionar sobre
el modo en el que planteamos a nuestros clientes que la esperanza de vida
es cada vez más larga, y que el esquema público de pensiones no debe ser
el único soporte de nuestra economía personal y familiar en la jubilación.
El
mercado asegurador se ha enfrentado siempre a la necesidad de hacer planteamientos
valientes, sobre los que la gente no desea pensar, no tenemos más que
recordar los seguros de decesos, o los de Vida-riesgo, cuyas eufemísticas
denominaciones reflejan ya un cierto pudor de hablar del entierro y de
la muerte.
Hablar
de la jubilación no genera agresividad, por lo que hablar de dedicar a
ella los excedentes, es relativamente fácil, especialmente si el instrumento
tiene ventajas fiscales. El caso es que tenemos que afrontar esa realidad
para buena parte de nuestros clientes, no va a ser suficiente dedicar
excedentes, si quieren mantener el nivel de vida en la jubilación, necesitan
“gastar menos y ahorrar más y mejor”.
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