¿Cómo
se las arreglaría el anciano Salomón para atender a sus numerosas mujeres...
Puente entre la gula y la lujuria, a determinados alimentos, denominados
afrodisíacos, se les atribuyen propiedades energéticas y vitalizantes.
Para algunos autores,
la cocina y el erotismo se rigen por el mismo sentimiento, el placer de
los cinco sentidos.
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Legendarios
afrodisíacos |
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Los
más populares
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El
aguacate,
por su alto contenido en vitaminas D y E, que le dan un gran valor
energético, es muy apreciado como estimulante.
El
ajo, fuente de salud, consumido a diario aumenta la energía
vital, pero su fama como afrodisíaco se atribuye al efecto de calentamiento
que produce en el cuerpo.
La
canela, empleada desde la antigüedad para aromatizar dulces,
también se puede incluir en guisos o en bebidas.
El
chocolate y su conocida leyenda como sustituto del sexo, con
gran efecto revitalizante sobre el sistema nervioso, el cacao contiene
teobromina, una sustancia que combate la fatiga y estimula la mente.
El
ginseng, de tradición milenaria en China, este tónico ha adquirido
una notable popularidad en Occidente y su consumo se ha generalizado
en personas de todas las edades. Además, tiene fama como potenciador
sexual.
El
marisco y, entre sus numerosas variedades, la ostra se erige
como la más popular de los afrodisíacos. Por su alto contenido en
minerales, estimulan las capacidades físicas y mentales.
Los
condimentos picantes, como pimienta y guindilla, utilizadas
con generosidad para condimentar platos de culturas tan distantes
como la india o la mexicana.
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ROSAURA
CALLEJA
Desde la antigüedad,
el hombre ha buscado alimentos mágicos para seducir al ser amado, que
pasaron a denominarse afrodisíacos. En su libro “Afrodita: cuentos, recetas
y otros afrodisíacos”, Isabel Allende los define como “cualquier
sustancia o
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actividad
que aguijonea el deseo amoroso”. No obstante, esta escritora chilena matiza
que “algunos tienen fundamento científico, pero la mayoría actúa por impulso
de la imaginación”.
Las primeras
citas de afrodisíacos aparecen en unos papiros egipcios, datados aproximadamente
entre 2000 y 1700 a.C., así como, encontramos referencias en la Biblia,
en textos indios y en la antigua Grecia, donde utilizaban el pescado y
el marisco para estos voluptuosos fines. Los documentos de esta época
revelan que la diosa griega del amor y la fecundidad, Afrodita, elaboraba
filtros que estimulaban la pasión y las cortesanas perfumaban su aliento
con violetas. Herederos de la cultura griega, los romanos dominaban el
arte de la seducción culinaria y atribuían a los caracoles un gran poder
excitante. Mientras los chinos emplean el jengibre y el ginseng, los árabes
prefieren la nuez moscada y la miel para la elaboración de sus apetitosos
dulces. En la Edad Media, los caballeros cruzados importaron desde lejanos
países especias, como la pimienta, canela, nuez moscada, jengibre y menta,
que se utilizaban con fines amatorios.
Una
copa de menos. Consumido en cantidades moderadas, el alcohol
aumenta el deseo erótico y disminuye las inhibiciones, pero en exceso
imposibilita la culminación de ese deseo. Manuel Vázquez Montalbán, escritor
y gastrónomo, reconocía que se había atrevido a formular determinadas
propuestas que, “sin la favorable situación gastronómico-etílica, hubieran
sido impensables”. Este poeta, periodista y novelista establecía una relación
directa entre guisar, comer, beber y amar. En su libro “Recetas inmorales”
asocia la erótica con la gastronomía y justifica el título afirmando que
todo lo que hace referencia al placer es “gozosamente” calificado de inmoral.
Sin embargo, afirma que la cocina afrodisíaca no existe y que “lo importante
es que la ceremonia de compartir una comida se convierta en un acto afrodisíaco
en sí mismo”.
Los expertos coinciden en que los productos afrodisíacos son eficaces
en el terreno de lo psíquico, ya que consideran que el único infalible
es el amor. Aunque no está de más incorporar un poco de imaginación, el
mayor afrodisíaco somos nosotros mismos.
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